"La pesadez de la soledad."
Cuando estás sólo frente a este momento, resulta muy difícil saber por dónde continuar.
Si lo piensas, ya has dado muchas muchas vueltas, has pensado y vuelto a pensar qué hacer ahora, cómo avanzar, qué paso dos.
Y ahí está: ésa hoja que tiempo atrás (ya no sabes desde cuándo) decidiste abrir para comenzar a plegar y así lograr que una figura nueva naciera a la vida.
Nadie te dijo lo difícil que sería todo esto, porque si bien muchos lo han vivido, cada experiencia es sumamente particular y al final del camino, cuando miras para el lado, ya eres otra persona, cambiaste del todo y todo cambió del todo, te comenzaste a llenar de nuevas y magníficas experiencias, lo pasaste bien, conociste a nuevas personas, tuviste tiempo para hablar y pensar, para respirar, para oler, para meditar.
Pero ahí está ella, presente como siempre, como una sombra que te acompaña de día y de noche, y ella es la soledad, y cuando se deja ver, uyy, su pesadez es feroz, trastorna y duele, molesta y hiere, agota y demuele y sabes que todo se te aprieta con el sólo hecho de saber que ha vuelto a llegar, ha logrado romper las mil y una barreras que has construido a su alrededor y con su lento andar, se instala y comienza a hacerte compañía.
Su invitación es tentadora, es embriagante e incluso mareadora.
Es la soledad, sí, la conocida y bien ponderada soledad, y para evitarla recurres a tus medios, a las herramientas que has ido adquiriendo con el tiempo, y sabes que de no combatirla, se va a quedar a tu lado y no se irá más, nunca más.
En esta vida nacemos solos, crecemos acompañados, vivimos juntos, nos despedimos juntos pero morimos solos, a cada uno nos acompaña la soledad, en mayor o menor medida, pero siempre está con nosotros.
Y vuelves a pensar en qué harás ahora, qué pliegue harás, cómo lo harás, cuánto tardarás, qué harás para seguir avanzando, y no sabes cómo, pero sí intuyes cuál es el camino, solo hay que dejar de pensar y lanzarse, nada que hacer, es la vida o es la soledad, el camino aquí es donde se bifurca y debes actuar, nada de pasmarse, porque el riesgo de errar el camino es cierto, y la opción es ahora, y ahora debes decidir.
Quizás sea bueno detener la marcha ahora y mirar para atrás y ver, recordar, sí, recordar, que estás aquí en un lugar en el que nunca imaginaste que estarías, y estás combatiendo a brazo partido para que la soledad, con su pesadez, no te logre arrastrar a aquel lugar del cual supiste salir a duras penas.
Cuando estás sólo frente a este momento, resulta muy difícil saber por dónde continuar.
Si lo piensas, ya has dado muchas muchas vueltas, has pensado y vuelto a pensar qué hacer ahora, cómo avanzar, qué paso dos.
Y ahí está: ésa hoja que tiempo atrás (ya no sabes desde cuándo) decidiste abrir para comenzar a plegar y así lograr que una figura nueva naciera a la vida.
Nadie te dijo lo difícil que sería todo esto, porque si bien muchos lo han vivido, cada experiencia es sumamente particular y al final del camino, cuando miras para el lado, ya eres otra persona, cambiaste del todo y todo cambió del todo, te comenzaste a llenar de nuevas y magníficas experiencias, lo pasaste bien, conociste a nuevas personas, tuviste tiempo para hablar y pensar, para respirar, para oler, para meditar.
Pero ahí está ella, presente como siempre, como una sombra que te acompaña de día y de noche, y ella es la soledad, y cuando se deja ver, uyy, su pesadez es feroz, trastorna y duele, molesta y hiere, agota y demuele y sabes que todo se te aprieta con el sólo hecho de saber que ha vuelto a llegar, ha logrado romper las mil y una barreras que has construido a su alrededor y con su lento andar, se instala y comienza a hacerte compañía.
Su invitación es tentadora, es embriagante e incluso mareadora.
Es la soledad, sí, la conocida y bien ponderada soledad, y para evitarla recurres a tus medios, a las herramientas que has ido adquiriendo con el tiempo, y sabes que de no combatirla, se va a quedar a tu lado y no se irá más, nunca más.
En esta vida nacemos solos, crecemos acompañados, vivimos juntos, nos despedimos juntos pero morimos solos, a cada uno nos acompaña la soledad, en mayor o menor medida, pero siempre está con nosotros.
Y vuelves a pensar en qué harás ahora, qué pliegue harás, cómo lo harás, cuánto tardarás, qué harás para seguir avanzando, y no sabes cómo, pero sí intuyes cuál es el camino, solo hay que dejar de pensar y lanzarse, nada que hacer, es la vida o es la soledad, el camino aquí es donde se bifurca y debes actuar, nada de pasmarse, porque el riesgo de errar el camino es cierto, y la opción es ahora, y ahora debes decidir.
Quizás sea bueno detener la marcha ahora y mirar para atrás y ver, recordar, sí, recordar, que estás aquí en un lugar en el que nunca imaginaste que estarías, y estás combatiendo a brazo partido para que la soledad, con su pesadez, no te logre arrastrar a aquel lugar del cual supiste salir a duras penas.
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