Ir al contenido principal

10. Décimo pliegue

"La pesadez de la soledad."

Cuando estás sólo frente a este momento, resulta muy difícil saber por dónde continuar.

Si lo piensas, ya has dado muchas muchas vueltas, has pensado y vuelto a pensar qué hacer ahora, cómo avanzar, qué paso dos.

Y ahí está: ésa hoja que tiempo atrás (ya no sabes desde cuándo) decidiste abrir para comenzar a plegar y así lograr que una figura nueva naciera a la vida.

Nadie te dijo lo difícil que sería todo esto, porque si bien muchos lo han vivido, cada experiencia es sumamente particular y al final del camino, cuando miras para el lado, ya eres otra persona, cambiaste del todo y todo cambió del todo, te comenzaste a llenar de nuevas y magníficas experiencias, lo pasaste bien, conociste a nuevas personas, tuviste tiempo para hablar y pensar, para respirar, para oler, para meditar.

Pero ahí está ella, presente como siempre, como una sombra que te acompaña de día y de noche, y ella es la soledad, y cuando se deja ver, uyy, su pesadez es feroz, trastorna y duele, molesta y hiere, agota y demuele y sabes que todo se te aprieta con el sólo hecho de saber que ha vuelto a llegar, ha logrado romper las mil y una barreras que has construido a su alrededor y con su lento andar, se instala y comienza a hacerte compañía.

Su invitación es tentadora, es embriagante e incluso mareadora.

Es la soledad, sí, la conocida y bien ponderada soledad, y para evitarla recurres a tus medios, a las herramientas que has ido adquiriendo con el tiempo, y sabes que de no combatirla, se va a quedar a tu lado y no se irá más, nunca más.

En esta vida nacemos solos, crecemos acompañados, vivimos juntos, nos despedimos juntos pero morimos solos, a cada uno nos acompaña la soledad, en mayor o menor medida, pero siempre está con nosotros.

Y vuelves a pensar en qué harás ahora, qué pliegue harás, cómo lo harás, cuánto tardarás, qué harás para seguir avanzando, y no sabes cómo, pero sí intuyes cuál es el camino, solo hay que dejar de pensar y lanzarse, nada que hacer, es la vida o es la soledad, el camino aquí es donde se bifurca y debes actuar, nada de pasmarse, porque el riesgo de errar el camino es cierto, y la opción es ahora, y ahora debes decidir.

Quizás sea bueno detener la marcha ahora y mirar para atrás y ver, recordar, sí, recordar, que estás aquí en un lugar en el que nunca imaginaste que estarías, y estás combatiendo a brazo partido para que la soledad, con su pesadez, no te logre arrastrar a aquel lugar del cual supiste salir a duras penas.

Comentarios

Entradas populares de este blog

8.3 Nada es mucho

Desde chico aprendí una cosa: lo que yo vivo no es mucho comparado a lo que otros están viviendo. Es desgarrador asumir lo anterior, porque al final, todo se relativiza y lo que es genuinamente importante para uno, aquello capaz de golpearte, botarte, destrozarte, desarticularte, si lo comparas con lo que otros están viviendo, es un verdadero juego de niños. Cuando fui creciendo, alguna vez escuche a alguien decir que los dolores más intensos, más profundos, más arrolladores, son aquellos que uno vive a consecuencia de los niños. Viví en carne propia esa aseveración, y demoré largos años en asumir el dolor, entenderlo, hacerlo parte de mi existencia y mi vida y comprender que los dolores son propios, no de ellos, que esos dolores existen porque algo te los gatilla y te trastornan la vida, haciéndote sentir absolutamente miserable, indigno, sin motivo alguno para vivir. Sin embargo, mis dolores son propios, y esos son los que estoy viviendo hoy y ahora, y por más que me encierre...