Ir al contenido principal

1. El primer pliegue

Cuando cambias de papel, el primer problema es ése, que cambiaste de papel.

No me refiero a papel como rol, sino que a aquella delgada hoja formada por la aglomeración de un material que permite que puedes escribir o doblar o sonarte o limpiarte.

Pero en la vida cambiamos de papel constantemente, y lo hacemos porque de lo contrario nos tildarían de fóbicos sociales o una enfermedad derivada.

Pero al final, para dónde voy con todo esto del cambio de papel: la idea no es original mía, es de una amiga que me ha motivado a escribir sobre mis andanzas como padre recién separado, y contar todo lo que ello implica.

Si la idea es hacer un libro sobre esta experiencia, quizás el blog sea la manera de poner a orbitar todo lo que pasa a diario, a comenzar a extraer de aquí y de allá ideas y más ideas para hacer que las cosas se muevan.

Por ahora, solo puedo decir que hoy estoy enfrentado una nueva vida, a un nuevo rol, todo un mundo nuevo que no acabo de entender completamente, y que a cada hora que avanza, más me despista, y quizás la regla primordial del origami sea esta: que nadie nace sabiendo cómo hacer origami, menos a escoger el papel o el libro o el profesor o el curso o el youtuber que le permita llegar a formar una pequeña forma, la primera, esa que te hace sentir que llegaste al Everest pero que después te distes cuenta que no quieres un Everest con ayuda, que lo quieres sin ayuda, solo, con tus propios medios, aptitudes y habilidades.

Entonces, la aventura comienza aquí, con este primer pliegue, y la pregunta cae redonda, ¿cuál es tu primer pliegue? El mío, es empezar este blog.



Comentarios

Entradas populares de este blog

8.3 Nada es mucho

Desde chico aprendí una cosa: lo que yo vivo no es mucho comparado a lo que otros están viviendo. Es desgarrador asumir lo anterior, porque al final, todo se relativiza y lo que es genuinamente importante para uno, aquello capaz de golpearte, botarte, destrozarte, desarticularte, si lo comparas con lo que otros están viviendo, es un verdadero juego de niños. Cuando fui creciendo, alguna vez escuche a alguien decir que los dolores más intensos, más profundos, más arrolladores, son aquellos que uno vive a consecuencia de los niños. Viví en carne propia esa aseveración, y demoré largos años en asumir el dolor, entenderlo, hacerlo parte de mi existencia y mi vida y comprender que los dolores son propios, no de ellos, que esos dolores existen porque algo te los gatilla y te trastornan la vida, haciéndote sentir absolutamente miserable, indigno, sin motivo alguno para vivir. Sin embargo, mis dolores son propios, y esos son los que estoy viviendo hoy y ahora, y por más que me encierre...

10. Décimo pliegue

"La pesadez de la soledad." Cuando estás sólo frente a este momento, resulta muy difícil saber por dónde continuar. Si lo piensas, ya has dado muchas muchas vueltas, has pensado y vuelto a pensar qué hacer ahora, cómo avanzar, qué paso dos. Y ahí está: ésa hoja que tiempo atrás (ya no sabes desde cuándo) decidiste abrir para comenzar a plegar y así lograr que una figura nueva naciera a la vida. Nadie te dijo lo difícil que sería todo esto, porque si bien muchos lo han vivido, cada experiencia es sumamente particular y al final del camino, cuando miras para el lado, ya eres otra persona, cambiaste del todo y todo cambió del todo, te comenzaste a llenar de nuevas y magníficas experiencias, lo pasaste bien, conociste a nuevas personas, tuviste tiempo para hablar y pensar, para respirar, para oler, para meditar. Pero ahí está ella, presente como siempre, como una sombra que te acompaña de día y de noche, y ella es la soledad, y cuando se deja ver, uyy, su pesadez es fer...