Un punto crucial en todo origami es el tercer pliegue, y por una sencilla razón: de ahí en adelante es todo nuevo, una aventura, un descubrimiento.
El tercer pliegue implica un cambio de dirección y de ritmo, implica una nueva orientación, implica darle vuelta a las cosas, demanda paciencia y comprensión, asumir que se puede estar equivocado porque los anteriores pliegues no sirvieron, en fin, es un punto crucial.
Mi tercer pliegue está siendo un hallazgo fenomenal: advertir que estoy en depresión.
Ya me lo había dicho mi psicóloga, lo conversé con mi papá y la confirmé con mi psiquiatra.
Que te digan que estás depresivo es como si te dijeran "mira, tu cuerpo, tus palabra, tus historias, todo lo que eres, habla de que las cosas están mal en ti, que pueden estar peor, que este es el momento, que lo que estás viviendo es sumamente insoportable, que no es tiempo para estoicos ni héroes porque eres un ser normal, y por sobre todo, tienes que hacerte cargo".
Pero a la vez, que te lo digan y te lo reafirmen y te le corroboren, es genial, porque es ponerle nombre a un estado casi hipnótico de vida, en el sentido que el cuerpo se defiende como mejor sabe hacerlo, anulando la emoción y focalizando la vida en el obrar, en el hacer, en el marchar, que si la emoción entra, todo lo oscurece.
Las pastillas cumplen con su función, contienen y protegen, y los antiangustia son un gran complemento para impedir los desbordes.
Mi siquiatra además me dijo: no escribas más de lo que te está pasando, porque al meter la cabeza anulas la emoción, y es un desafío no hacerlo, me resisto a aceptarlo, soy libre de tomarlo o dejarlo, no sé qué haré, porque para mi estas lineas han empezado a ser libertadoras.
El tercer pliegue implica un cambio de dirección y de ritmo, implica una nueva orientación, implica darle vuelta a las cosas, demanda paciencia y comprensión, asumir que se puede estar equivocado porque los anteriores pliegues no sirvieron, en fin, es un punto crucial.
Mi tercer pliegue está siendo un hallazgo fenomenal: advertir que estoy en depresión.
Ya me lo había dicho mi psicóloga, lo conversé con mi papá y la confirmé con mi psiquiatra.
Que te digan que estás depresivo es como si te dijeran "mira, tu cuerpo, tus palabra, tus historias, todo lo que eres, habla de que las cosas están mal en ti, que pueden estar peor, que este es el momento, que lo que estás viviendo es sumamente insoportable, que no es tiempo para estoicos ni héroes porque eres un ser normal, y por sobre todo, tienes que hacerte cargo".
Pero a la vez, que te lo digan y te lo reafirmen y te le corroboren, es genial, porque es ponerle nombre a un estado casi hipnótico de vida, en el sentido que el cuerpo se defiende como mejor sabe hacerlo, anulando la emoción y focalizando la vida en el obrar, en el hacer, en el marchar, que si la emoción entra, todo lo oscurece.
Las pastillas cumplen con su función, contienen y protegen, y los antiangustia son un gran complemento para impedir los desbordes.
Mi siquiatra además me dijo: no escribas más de lo que te está pasando, porque al meter la cabeza anulas la emoción, y es un desafío no hacerlo, me resisto a aceptarlo, soy libre de tomarlo o dejarlo, no sé qué haré, porque para mi estas lineas han empezado a ser libertadoras.
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