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6. Sexto pliegue

Luego de haber atravesado los 5 anteriores pliegues, con toda esa carga que lo anterior implica, viene el turno del sexto pliegue, y este pliegue es una invitación a reflexionar, porque tras hacer todo lo que hiciste antes, es momento entonces de reflexionar:
¿ésta es la figura que realmente quiero?
¿me gusta este papel?
¿llegaré a algún lado con todo esto?
¿no será imposible terminar?
¿no me olvidé de algo en el camino?

La verdad de las cosas es que la vida nos da estos momentos, esos instantes momentáneos de lucidez que nos permiten un remanso para detener la marcha.

La paternidad es una de aquellas actividades que carecen de remansos, es una desafío diario y permanente, y cuando los hijos ya no están, comienzan las depresiones, o las penas, o quizás, el momento de aquel añorado espacio de libertad del que antes, carecíamos.

El otro día, sentado en la terraza, escuchando el silencio, mirando las estrellas, pensaba si este era el momento de mi remanso en la vida, si este era el momento de cambiar de marcha, de pensar en nuevos desafíos, o bien, detenerme, quieto, y flotar y flotar y nada más que flotar.

La tendencia a flotar y quedarse flotando es la más desgraciada de todas, porque las cosas pasan pero sigues ahí; en cambio, aquella de seguir adelante, de no parar, de avanzar sin detenerse, es igualmente peligrosa, ya que al final, de tanto hacer jamás detuviste la marcha para fijarte en lo hecho.

Este 6 pliegue es la primera detención forzada, es el momento de pensar y darle vueltas a las preguntas arriba anotadas, es momento de conectar el andar con el sentir. Luego, veremos ya qué decides hacer, y quizás, esa linda gruya que soñaste con hacer, no sea que termine a un verdadero barquito de papel.

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