Ha pasado un poco más de un mes desde la última vez que me senté a armar mi origami, y muchas cosas han ocurrido en este más 1 mes:
- los niños salieron del colegio
- empezaron las vacaciones
- llegó el fin de año
- pasó la navidad
Cuando eres un papá origami, nadie te dice cómo afrontar todas y cada una de estas actividades, porque no existen reglas ni manuales que te enseñen a comportarte en cada situación ni menos te digan cómo debes conducirte, cómo y dónde debes sentarte, si es con tu ex mujer o lejos de ella, como testigos de un hecho que nada en común comparten.
El origami invita muchas veces a buscar soluciones, porque hay mucho de intuición y poco de conocimiento que pueda aplicarse.
Es decir, cuando te enfrentas al séptimo pliegue, es muy probable que no logres entender que todos los pliegues que iban para adelante, ahora deben ir para el lado inverso, para el interior, para el exterior, o para abajo.
Imagínate tu figura, mírala de lejos, y te darás cuenta que este séptimo pliegue es otro punto de inflexión, y te aseguro que te atacará la siguiente pregunta: ¿hasta cuándo tendré que seguir lidiando con este papel y tratar de encontrarle la forma y camino que debe seguir para que el pliegue que viene, el octavo, sea fácil?
Lo siento, no tengo cómo saberlo, no tengo manera alguna de explicarte cómo es que puedes conocer qué vendrá, no obstante que perfectamente puedes adelantar las hojas del libro y mirar qué viene después, y quizás, con lo veas, seguramente vas a ponerte rabioso o a transpirar furia porque lo que se viene es aún más cuesta arriba; pero tranquilo, es un problema del ahora, del momento, no tienes que apurarte, no mires para delante, no te frustres ahora, ya has llegado hasta aquí, llevas ¡siete pliegues! y si miras para atrás, te darás cuenta que el pliegue más duro, el más difícil, ya lo hiciste.
Vamos por el octavo pliegue entonces, no te desanimes, toma aire, fuma, anda hacerte un café, sale a dar una vuelta, y cuando vuelvas, mira tu figura desde otra perspectiva, y verás qué pasa.
- los niños salieron del colegio
- empezaron las vacaciones
- llegó el fin de año
- pasó la navidad
Cuando eres un papá origami, nadie te dice cómo afrontar todas y cada una de estas actividades, porque no existen reglas ni manuales que te enseñen a comportarte en cada situación ni menos te digan cómo debes conducirte, cómo y dónde debes sentarte, si es con tu ex mujer o lejos de ella, como testigos de un hecho que nada en común comparten.
El origami invita muchas veces a buscar soluciones, porque hay mucho de intuición y poco de conocimiento que pueda aplicarse.
Es decir, cuando te enfrentas al séptimo pliegue, es muy probable que no logres entender que todos los pliegues que iban para adelante, ahora deben ir para el lado inverso, para el interior, para el exterior, o para abajo.
Imagínate tu figura, mírala de lejos, y te darás cuenta que este séptimo pliegue es otro punto de inflexión, y te aseguro que te atacará la siguiente pregunta: ¿hasta cuándo tendré que seguir lidiando con este papel y tratar de encontrarle la forma y camino que debe seguir para que el pliegue que viene, el octavo, sea fácil?
Lo siento, no tengo cómo saberlo, no tengo manera alguna de explicarte cómo es que puedes conocer qué vendrá, no obstante que perfectamente puedes adelantar las hojas del libro y mirar qué viene después, y quizás, con lo veas, seguramente vas a ponerte rabioso o a transpirar furia porque lo que se viene es aún más cuesta arriba; pero tranquilo, es un problema del ahora, del momento, no tienes que apurarte, no mires para delante, no te frustres ahora, ya has llegado hasta aquí, llevas ¡siete pliegues! y si miras para atrás, te darás cuenta que el pliegue más duro, el más difícil, ya lo hiciste.
Vamos por el octavo pliegue entonces, no te desanimes, toma aire, fuma, anda hacerte un café, sale a dar una vuelta, y cuando vuelvas, mira tu figura desde otra perspectiva, y verás qué pasa.
Comentarios
Publicar un comentario